ENTREVISTA: SINFONÍA DE LA INTRIGA

Autoras: Noelia Varona y Elisabet Mejuto, estudiantes de periodismo en la Universidad del País Vasco.

Sinfonía de la Intriga

Este ingeniero de telecomunicaciones tiene a sus espaldas más de 1,000 ejemplares vendidos de su primer libro “Reflejos en el espejo”. Mientras busca una editorial que le publique su nueva obra “El Secreto de Oli”, conocemos en profundidad a este getxotarra, afincado en Madrid por motivos laborales. Luis Alberto Santamaría es aficionado al baloncesto, fan de Springsteen, apasionado de las novelas negras y un adicto a la escritura.

Una buena parte de la sociedad encuentra una vía de escape de los quehaceres cotidianos a través de la lectura, dejándose transportar a lugares lejanos. Uno de esos “capitanes de viaje” es el getxotarra Luis Alberto Santamaría. Desde pequeño sabía que quería ser todo un “jefe”, aunque desconocía por aquel tiempo en qué profesión lo conseguiría; podría ser como jugador de baloncesto, en la arquitectura, en la ingeniería… El momento llegó en el 2010, cuando decidió escribir su primer libro “Reflejos en el espejo” y demostrar quién mandaba ofreciendo a los lectores una historia en que se quedarían sumergidos hasta el final del viaje casi de tirón, como el proceso de escritura que utiliza él mismo, inmerso en su adicción a escribir. Ahora a sus tan solo 28 primaveras está en busca de una editorial le publique su segunda obra, “El secreto de Oli”, otra nueva oportunidad de disfrutar mediante sus complejas tramas sobre historias que llegan y se quedan en lector.
Prefiere que le llamen Luis a secas, aunque se llama Luis Alberto. Recuerda con especial cariño sus veranos; esos veranos en Sotillo de la Ribera, al sur de Burgos, “ese pueblo significaba sol, familia, piscina… ¡Eran dos meses al año que se me pasaban volando!”. Santamaría ama el cine y su pasión nació en esa feliz infancia donde visualizaba una y otra vez sus películas favoritas hasta aprendérselas de memoria “las teníamos grabadas en VHS, con anuncios y en mala calidad, pero yo no me cansaba de verlas”. Pero no solo esa pasión es fruto de la niñez, la literatura también. Santamaría nos cuenta que fue su hermano quien le introdujo en éste mundo con la saga fantástica de “Las crónicas de Dragonlance” y desde entonces no hubo marcha atrás “cuando leía sobre todo novelas fantásticas, la literatura era el modo de transportarme lejos de la vida real, a mundos totalmente diferentes”. Era un chico ambicioso de los “empollones de primera fila” y de mayor quería ser “jefe” pero de qué, fue una incógnita. Hasta que se encontró a gusto en las matemáticas y en la física empezó a descartar sus pasiones: el baloncesto y el cine, delegándolos así, a entretenimiento. El placer es el lugar donde situaría Santamaría la escritura “Escribir es como una droga sana que me frustra y obsesiona hasta que encuentro el camino. Entonces llega la euforia y, por último, el orgullo personal” comenta entusiasmado.

Aunque placer implique libertad y gozo no todo es tan laxo, escuchando a Santamaría esa imagen romántica del escritor caótico desaparece “es muy importante tener un esquema por personajes, capítulos, historias, parentescos y fechas. Al final hay que juntarlo todo en un único texto, y si no te organizas bien es fácil que quede incompleto, sin sentido, o incluso con errores”. Al escritor la intriga le consume y acude a ella una y otra vez a través de la novela negra, buscando que le enganchen y jueguen con su mente, que le sorprendan. Porque cuando los papeles cambian y él es el escritor también quiere dar lo mismo, quiere emocionar “Si cuando leo mi propio texto se me eriza la piel, es cuando sé que he hecho un buen trabajo. En ese momento soy muy feliz”. Por eso los pequeños rituales como la música de fondo son importantes en su fase de creación. Santamaría crea el escenario mediante la música; ésta le sugiere, le dibuja, le hace pasar frío o calor, en definitiva le inspira “Siempre son piezas instrumentales, por supuesto, y suelen ser bandas sonoras de películas reales. Por ejemplo, una pieza que me inspira intriga es “Song for Bob” de Warren Ellis y Nick Cave”. Una vez que termina con el punto final, relee la historia para obtener el veredicto: “Si el resultado es el que yo me imaginaba, siento un cosquilleo maravilloso, como la mejor sensación por el trabajo bien hecho que se pueda imaginar”.

Al tratar temas que dominan día tras día los medios de comunicación, Santamaría se entristece de la situación en la que se encuentra el país a causa de la crisis económica, además de la abundancia de políticos corruptos, una justicia “injusta” y la división social. El getxotarra se mantiene al margen de la política pero les recomienda a los partidos políticos un profundo cambio de imagen: “Sangre joven honrada pero con valentía y ganas de hacer las cosas bien.” En el tema de la justicia, da un buen ejemplo de aquella que debería ser igualitaria otorgando la misma sentencia ante el delito de corrupción, político o no. Luis nos da su visión sobre la monarquía calificándola de innecesaria ahora mismo, pero revela su admiración por los máximos representantes de la corona.

En el escritor getxotarra se palpa la morriña que sufre con su familia y amigos al estar en Madrid trabajando, además de a Cody, el cachorro cocker de su hermano. Santamaría comenta que nota a la sociedad vasca más abierta, posiblemente a causa de la globalización. Pero para sociedad abierta, sin duda, es su tierra de adopción. Se nota es sus expresiones que admira la capital: “en Madrid todo el mundo de fuera es bien recibido y la facilidad de conocer gente de cualquier lugar de España es pasmosa. También tiene cosas malas pero estoy aprendiendo a convivir con ellas” revela el escritor.

Y reservando lo mejor para el final, llega la hora de “El secreto de Oli” pero Santamaría se muestra hermético, celoso de desvelar. Su segundo libro está en fase de corrección y nos cuenta poco. En esta obra quiere ser más ambicioso y desea que alguna editorial le edite. Lo adelantado lo tiñe de intriga y nos deja contando los días para su publicación: “cuenta la historia de varios personajes que en algún momento se entrecruzan. Será más oscuro, tendrá menos piedad con el lector, por así decirlo. ¡Y desde ya adelanto que el desenlace dejará a muchos con la boca abierta!”.

SUMARIO: “Escribir es como una droga sana que me frustra y obsesiona hasta que encuentro el camino. Entonces llega la euforia y, por último, el orgullo personal”.

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