¿QUÉ DEBE CONTENER LA PRIMERA ESCENA DE UNA NOVELA? (EJEMPLO REAL CON ‘1984’)

Como ya sabéis, soy un gran seguidor de Jean Larser, creador de la serie de ebooks diácticos Cómo crear una novela. Los he leído todos.

En su última publicación, Atrapa a tus lectores, Jean habla, entre otras cosas, de todo lo que debe contener la primera escena de una novela para que el lector no pueda abandonar el libro a partir de ahí. Esto es:

  • La primera escena debe crear preguntas que el lector se empeñe en responder. A esto se le llama utilizar el efecto Zeigarnik.
  • El autor debe enganchar a sus lectores con su estilo de escritura o la voz del narrador.
  • Introducción del conflicto y/o del protagonista de la novela, resaltando qué lo hace interesante. Esto debe hacerse mostrando, no diciendo.
  • La primera escena debe prometer al lector una experiencia significativa y única.

Lo que voy a hacer a continuación es coger la primera escena de la novela ‘1984’, de George Orwell, y analizar los cuatro puntos de Larser. Esto se me ocurrió leyendo su ebook. A medida que Larser hablaba sobre las primeras escenas perfectas, mi cabeza no hacía más que recordar ese comienzo de ‘1984’. No sé si estáis de acuerdo conmigo en que es una primera escena maravillosa, pero es innegable que cumple los cuatro puntos, y es lo que voy a demostrar.

Bien, vamos con el análisis. Para los que no hayáis leído la novela, no temáis; al ser la primera escena del libro, no contiene spoilers, y lo más que puede ocurrir es que os entren unas ganas irrefrenables de leer la novela. Si lo habéis hecho, quizá queráis correr a releer este primer capítulo y así tenerlo más fresco. No sería sensato copiar el capítulo entero en este artículo, así que solo cogeré pinceladas sueltas, las más reveladoras.

Ahora sí, empezamos:

La primera escena debe crear preguntas que el lector se empeñe en responder (efecto Zeigarnik)

La primera escena de ‘1984’ está llena de preguntas sin responder. Podría decirse que es un ejemplo de cómo debe aprovecharse el efecto Zeigarnik. A mí personalmente, el primer capítulo me dejó tan loco que tuve que seguir con el segundo (ahí lo tenemos, el verdadero objetivo).

Estos son algunos ejemplos:

Era un día luminoso y frío de abril y los relojes daban las trece. Winston Smith, con la barbilla clavada en el pecho en su esfuerzo por burlar el molestísimo viento, se deslizó rápidamente por entre las puertas de cristal de las Casas de la Victoria, aunque no con la suficiente rapidez para evitar que una ráfaga polvorienta se colara con él.

¿Qué quiere decir el autor con que los relojes daban las trece? ¿Y qué son las Casas de la Victoria?

En cada descansillo, frente a la puerta del ascensor, el cartelón del enorme rostro miraba desde el muro. Era uno de esos dibujos realizados de tal manera que los ojos le siguen a uno adondequiera que esté. EL GRAN HERMANO TE VIGILA, decían las palabras al pie.

¿Qué está pasando aquí?

Aunque el sol lucía y el cielo estaba intensamente azul, nada parecía tener color a no ser los carteles pegados por todas partes. La cara de los bigotes negros miraba desde todas las esquinas que dominaban la circulación. En la casa de enfrente había uno de estos cartelones. EL GRAN HERMANO TE VIGILA, decían las grandes letras, mientras los sombríos ojos miraban fijamente a los de Winston. En la calle, en línea  vertical con aquél, había otro cartel roto por un pico, que flameaba espasmódicamente azotado por el viento, descubriendo y cubriendo alternativamente una sola palabra: INGSOC. A lo lejos, un autogiro pasaba entre los tejados, se quedaba un instante colgado en el aire y luego se lanzaba otra vez en un vuelo curvo. Era de la patrulla de policía encargada de vigilar a la gente a través de los balcones y ventanas. Sin embargo, las patrullas eran lo de menos. Lo que importaba verdaderamente era la Policía del Pensamiento.

Vale, parece evidente que la trama está situada en una especie de dictadura opresiva, supuestamente liderada por alguien que se hace llamar GRAN HERMANO. Aham… ¿pero que significa INGSOC? ¿Y qué demonios es la Policía del Pensamiento? ¡Necesito seguir leyendo!

Maldito efecto Zeigarnik…

 

El autor debe enganchar a sus lectores con su estilo de escritura o la voz del narrador

Independientemente del suspense creado, los personajes, y la trama en sí, el estilo de escritura de Orwell me fascina especialmente (aunque esto es cuestión de gustos, por supuesto). En concreto, en su primera escena podemos encontrar algunos ejemplos que nos enseñan el tipo de prosa que tenemos entre manos:

Las detenciones ocurrían invariablemente por la noche. Se despertaba uno sobresaltado porque una mano le sacudía a uno el hombro, una linterna le enfocaba los ojos y un círculo de sombríos rostros aparecía en torno al lecho. En la mayoría de los casos no había proceso alguno ni se daba cuenta oficialmente de la detención. La gente desaparecía sencillamente y siempre durante la noche. El nombre del individuo en cuestión desaparecía de los registros, se borraba de todas partes toda referencia a lo que hubiera hecho y su paso por la vida quedaba totalmente anulado como si jamás hubiera existido. Para esto se empleaba la palabra vaporizado.

Otro ejemplo…

Winston se mantuvo de espaldas a la telepantalla. Así era más seguro; aunque, como él sabía muy bien, incluso una espalda podía ser reveladora. A un kilómetro de distancia, el Ministerio de la Verdad, donde trabajaba Winston, se elevaba inmenso y blanco sobre el sombrío paisaje. «Esto es Londres», pensó con una sensación vaga de disgusto; Londres, principal ciudad de la Franja aérea 1, que era a su vez la tercera de las provincias más pobladas de Oceanía. Trató de exprimirse de la memoria algún recuerdo infantil que le dijera si Londres había sido siempre así. ¿Hubo siempre estas vistas de decrépitas casas decimonónicas, con los costados revestidos de madera, las ventanas tapadas con cartón, los techos remendados con planchas de cinc acanalado y trozos sueltos de tapias de antiguos jardines? ¿Y los lugares bombardeados, cuyos restos de yeso y cemento revoloteaban pulverizados en el aire, y el césped amontonado, y los lugares donde las bombas habían abierto claros de mayor extensión y habían surgido en ellos sórdidas colonias de chozas de madera que parecían gallineros? Pero era inútil, no podía recordar: nada le quedaba de su infancia excepto una serie de cuadros brillantemente iluminados y sin fondo, que en su mayoría le resultaban ininteligibles.

Introducción del conflicto y/o del protagonista de la novela, resaltando qué lo hace interesante (mostrar, no decir)

A mitad del primer capítulo, mediante un flashback que interrumpe la primera escena del libro, el protagonista tiene una experiencia con otro personaje que le hace replantearse absolutamente todo. Este es el desencadenante de toda la trama, y el autor lo escribe así:

Momentáneamente, sorprendió la mirada de O’Brien. Éste se había levantado; se había quitado las gafas volviéndoselas a colocar con su delicado y característico gesto. Pero durante una fracción de segundo, se encontraron sus ojos con los de Winston y éste supo sí, lo supoque O’Brien pensaba lo mismo que él. Un inconfundible mensaje se había cruzado entre ellos. Era como si sus dos mentes se hubieran abierto y los pensamientos hubieran volado de la una a la otra a través de los ojos. «Estoy contigo», parecía estarle diciendo O’Brien. «Sé en qué estás pensando. Conozco tu asco, tu odio, tu disgusto. Pero no te preocupes; ¡estoy contigo!» Y luego la fugacísima comunicación se había interrumpido y la expresión de O’Brien volvió a ser tan inescrutable como la de todos los demás.
Esto fue todo y ya no estaba seguro de si había sucedido efectivamente. Tales incidentes nunca tenían consecuencias para Winston. Lo único que hacían era mantener viva en él la creencia o la esperanza de que otros, además de él, eran enemigos del Partido. Quizás, después de todo, resultaran ciertos los rumores de extensas conspiraciones subterráneas; quizás existiera de verdad la Hermandad. […] Pero todo ello eran suposiciones que podían resultar totalmente falsas. Winston había vuelto a su cubículo sin mirar otra vez a O’Brien. Apenas cruzó por su mente la idea de continuar este momentáneo contacto. Hubiera sido extremadamente peligroso incluso si hubiera sabido él cómo entablar esa relación. Durante uno o dos segundos, se había cruzado entre ellos una mirada equívoca, y eso era todo. Pero incluso así, se trataba de un acontecimiento memorable en el aislamiento casi hermético en que uno tenía que vivir.

Pero no solo se introduce el conflicto, sino también a Winston, el personaje principal. Y se hace, tal y como aconseja Larser en su ebook, mostrando, no diciendo, y aportándole rasgos muy característicos que se alejan de cualquier cosa que el lector haya leído:

Winston fue hacia la ventana: una figura pequeña y frágil cuya delgadez resultaba realzada por el «mono» azul, uniforme del Partido. Tenía el cabello muy rubio, una cara sanguínea y la piel embastecida por un jabón malo, las romas hojas de afeitar y el frío de un invierno que acababa de terminar.

 

La primera escena debe prometer al lector una experiencia significativa y única

¿Qué ofrece ‘1984’ al lector? Nos promete un Londres futurista (aunque muy real), donde ha sucedido algo que podría ocurrir en nuestra civilización cualquier día. Nos promete la lucha de un hombre normal por conocer la verdad y desafiar al todopoderoso GRAN HERMANO, sea quien sea éste. Nos promete peligro, amenaza y riesgo. Y, de nuevo, incertidumbre hasta el final.

Y todas estas promesas nos las hace en la primera escena de la novela:

El Ministerio del Amor era terrorífico. No tenía ventanas en absoluto. Winston nunca había estado dentro del Minimor, ni siquiera se había acercado a medio kilómetro de él. Era imposible entrar allí a no ser por un asunto oficial y en ese caso había que pasar por un laberinto de caminos rodeados de alambre espinoso, puertas de acero y ocultos nidos de ametralladoras. Incluso las calles que conducían a sus salidas extremas, estaban muy vigiladas por guardias, con caras de gorila y uniformes negros, armados con porras.

En es este primer párrafo, Orwell nos presenta el Ministerio del Amor (Minimor), un lugar ficticio, futurista y aterrador. Un lugar al que, seguramente, el protagonista tendrá que hacer frente en algún momento de la novela.

Unos párrafos después, por otro lado, el protagonista escribe algo en su diario, bajo la atenta mirada de las cámaras de seguridad que todo lo ven, que desencadena el conflicto de toda la trama: Winston se va a convertir en un rebelde y plantará cara al GRAN HERMANO.

Volvieron a fijarse sus ojos en la página. Descubrió entonces que durante todo el tiempo en que había estado recordando, no había dejado de escribir como por una acción automática. Y ya no era la inhábil escritura retorcida de antes. Su pluma se había deslizado voluptuosamente sobre el suave papel, imprimiendo en claras y grandes mayúsculas lo siguiente:
ABAJO EL GRAN HERMANO

Y creo que lo vamos a dejar aquí. Podría pasarme párrafos y párrafos analizando tanto el ebook de Larser sobre ganchos literarios, como la magistral ‘1984’ de Orwell, pero en algún momento había que acabar.

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